Un año sin hacer prácticamente _nada_ de deporte. Porque el Pangya, hasta el momento, no cuenta como deporte. Pero hoy me he decidido y me he ido a la Patacona a correr.
Caliento durante unos minutos, empezando por el cuello, hombros, espalda, etcétera, y acabando en los gemelos y tobillos. Y me pongo a la marcheta.
Una inspiración, dos espiraciones. Cojo aire. Uf! Uf! Cojo aire. Uf! Uf!
Al rato empiezo a notar los músculos de las piernas cargados. Se resienten de la falta de esfuerzo.
Más tarde, noto un pinchazo en el costado. Puedo aguantar.
Empiezo a notar la respiración cansada. Lo corrijo inspirando más profundamente, soltando el aire con más fuerza.
Noto que el pulso se acelera demasiado. El corazón me bombea en las sienes. Relajo el ritmo.
Empiezo a notar flato. Me inclino un poco. Corrijo la respiración para utilizar el diafragma. Puedo aguantar.
El sudor me molesta en los ojos. Me tapa los cristales de las gafas. La camiseta mojada me roza en el cuello. No pasa nada. Aún puedo seguir.
Miro el reloj. Ya llevo dos minutos. Venga, que solo quedan unos kilómetros.
La imagen pertenece a un cuadro colgado en el área de Deportes de la UPV. Desconozco el autor.
